martes 20 de diciembre de 2011

Con un buen sabor de vida


Tenía las mejillas sonrojadas, cálidas
Los ojos verdes, el pelo ondulado, castaño.
En las noches frías, sus besos sabían a té de cereza.
Y el verano le daba un sensual toque arisco.

No, no es verdad.

Tenía la tez pálida, de un blanco frío.
La nariz, con un toque de carmín parecido al de sus labios.
Los ojos azules, a veces grises.
El pelo negro, largo, liso.

Le gustaba dormir abrazado a mi, por si un día
me pasase por la cabeza escapar de entre sus manos
a preparar el desayuno.
No me lo permitía.

Pero no, tampoco es verdad.

Tenía la piel amarillenta, lánguidos ojos marrones.
El pelo castaño claro, largo
o no, corto,
rubio,
negro,
con muchas canas.

En las noches frías, calientes, tibias,
prefería,

acariciar mi pelo tiernamente, mientras
veíamos una película, no,
alguna serie;
naruto, ranma, caballeros del zodiaco, house,
avatar, south park, mad men, nip tuck...

Ah, no,
prefería,

besar mi cuello tembloroso, mientras
escuchábamos algún disco;
ramstain, mike oldfield, nightwish,
mamiffer, death in june,
sigur ros, janis joplin, thelonious monk,
charles mingus, the sex pistols...

Ah! no,
prefería

insinuarse rozando sus pies con los míos, mientras
jugábamos a dobles a los vídeo- juegos;
jack and dekster, gran turismo, mario bros,
moto gp, final fantasy, kingdom hearts,
god of war...

Ah!, no,
prefería
...;

oler libros, leer cómics,
medir la acústica de nuestros besos con infrarrojos,
darme una nalgada.

Tocar la guitarra, a no,
la armónica,
no perdón,
la trompeta, no,
el piano.

Pero lo importante era
pasear por los jardines conocidos, conversar
sobre historias de nuestra infancia, la familia.
Sobre viajes. Con los ojos iluminados al verse
reflejados el uno en el otro, con
la confianza, el deseo
de lo eterno.

"Quiero casarme contigo."
"Tener hijos contigo."
"Estar siempre contigo."
"Contigo."
"Contigo."
"Contigo."

"Contigo."

"Nunca olvidaré tus besos."
"¿Cómo puedo vivir sin ellos?"
"No olvidaré tu olor."
"¿A caso puede otra cosa mantenerme vivo?"
"El tacto de tus caricias,
las únicas, las más sagradas."
"Eres la persona que más bondad me ha hecho sentir
estando a su lado."

A su lado.
De espíritu trabajador, risueño. Consentidor. Bueno.

Hubiera dado por mí el fin de su vida,
del mes,
de semana,
de una noche,
el fin.

Pero no, nunca es más verdad.

Por ello,
porque te amo,
prometo olvidar tus ojos,
nuestros sueños,
el olor de tu perfume
los días húmedos en los que no salimos de la cama.
Prometo olvidar tu plato favorito, el
modo en que me besas, dibujas en mi cuerpo
tonterías exquisitas.
Prometo olvidarlo todo,
hasta tu nobre, si pasa el tiempo y las olas
se lo llevan con naturalidad.
Olvidarlo todo,
olvidarlo bien,
con un buen sabor de vida.

lunes 25 de abril de 2011

Discusión conyugal



Hoy Olvido y yo hemos peleado, y como todas las parejas nos hemos empezado a echar cosas en cara. Yo le he reprochado el alzheimer selectivo que padece últimamente en nuestras discusiones, y advertido que puede convertirse en involuntario. Él me ha replicado,

- Es gracias a ese "mal" que hemos sido felices hasta ahora. ¿No lo crees así? A veces es necesario.

He respondido sí, no del todo convencida.
Me ha dado un beso en la frente. En el fondo le amo, sinembargo... nada *es eternamente.

martes 12 de octubre de 2010

Los cómplices



Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los
malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso
no necesita escribirse.

Delia Domínguez

viernes 8 de octubre de 2010

Aquella que te amó



Palomas de repente en mis mejillas.
Un sacudir de alas si regresas,
amante, a mi presencia y me perdonas
y arrancas de mi amor la sola queja.
Me juras por tus muertos, yo te juro
por Dios que a los demonios atormenta.
Y en brasas se convierten las palabras.
En pájaros sangrientos que pelean
por las migajas de las hostias últimas.
Ámame hombre en esta noche negra.
Mi historia es ésta: un lecho solitario,
un despertarme atada siempre a hiedras
y una almohada llena de tu rostro.
Mi vida toda es sólo sueño, niebla.
Mas llegas y mi voz ya no es cautiva.
Y aquella que te amó, se me asemeja.

Delfina Acosta

Cúentame cómo vives

(CÓMO VAS MURIENDO)

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives.
Ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres.
Nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres,
cómo renuncias —sabio—,
cómo —frívolo— brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.

Gabriel Celaya

Fuera del Mundo

Cuanto nosotros somos y tenemos
Forma un curso que va a su desenlace:
La pérdida total.
No es un fracaso.
Es el término justo de una Historia,
Historia sabiamente organizada.
Si naces, morirás. ¿De qué te quejas?
Sean los dioses, ellos, inmortales.

Natural que, por fin, decline y me consuma.
Haya muerte serena entre los míos.
Algún día —¿tal vez penosamente?—
Me moriré, tranquilo, sosegado.
No me despertaré por la mañana
Ni por la tarde. ¿Nunca?
¿Monstruo sin cuerpo yo?
Se cumpla el orden.

No te entristezca el muerto solitario.
En esa soledad no está, no existe.
Nadie en los cementerios.
¡Qué solas se quedan las tumbas!

Jorge Guillem

miércoles 21 de julio de 2010

De la propensión a la puntualidad



No es que haya nacido en otra parte.
Mucho menos, que me preocupe el tiempo
en su belleza de abstracta redondez lunática.

Es que los minutos me muerden los talones
hormigas enfurecidas urgiéndome a hacer
a no detenerme en función de los finales.

Es muy cierto
la prisa es un agujero en la calma del insomne
una muralla en la planicie de los sueños
un abrevadero de ilusiones que a menudo fallan

No es que me avasalle el miedo a la tardanza
pero la magia se me acaba
he perdido las fórmulas los jeroglíficos las pócimas
la clave de los secretos que guardaba
las cosas que el sabio Fritz confió a mis huesos

Lo confieso
cada vez soy menos yo
y más lo que he vivido.

Por eso es que me apuro
para no llegarle tarde
a la que realmente he sido
cuando todo se acabe.

Consuelo Tomas